Diario Clarin. El bosque brillante

Cesar Pradines

“El bosque brillante”, de Lucio Balduini: austeridad al servicio de la belleza

En su nuevo álbum, el guitarrista ratifica su cualidad de innovador y su proyección más allá de los géneros.

Lucio Balduini es uno de los artistas más interesantes de la escena musical porteña; aunque fuertemente ligado al jazz, su música es una refrescante propuesta que no se encierra en un género. Desde aquel bellísimo Lucecita (2007), pasando por Viento divino (2012), este guitarrista nacido en Río Negro en 1979 viene construyendo un proyecto en que la ecuación composición/estilo muestra una contundente solidez.

Su flamante álbum El bosque brillante lo ratifica a través de una filosa sensibilidad; once temas (incluyó dos de Luis Alberto Spinetta: La rifa del viento y Para ir) en los que Balduini desgrana en una suave curva de tensión un sendero de cristalino melodismo. El músico se arropó para este trabajo con un grupo que comparte su mundo sonoro; Esteban Sehinkman en Fender Rhodes, Mariano Sívori en contrabajo y Daniel Piazzolla en batería rodearon su guitarra de una atmósfera rítmica diáfana y climas con los que realzaron el lirismo de las improvisaciones del compositor.

Hay en la guitarra de Balduini influencias que van de Egberto Gismonti a Bill Frisell y que pasan por Pat Metheny y Ralph Towner, entre otras. Sin embargo, este collage se resuelve fluidamente en sus composiciones. En busca de la tierra sin mal, la delicada versión de La rifa del viento y Fugaz son temas de un resplandor atenuado y marcan el concepto del disco. Un tono minimalista, un intimismo que parece ganar profundidad a lo largo del disco. El guitarrista trabaja sobre una reflexiva economía de fraseo que trasciende la cuestión técnica para pasar a ser un principio filosófico.

Superestrella suena como tributo a la música de Frisell; aunque con elementos propios y hasta un arreglo spinetteano que permite descubrir una impensada fusión de dos mundos que en la guitarra de Balduini se revelan afines. Cascada milagrosa y Plegaria para mí son expresiones acabadas de su melodismo, en tanto que Héroe explorador tiene una impronta que flota cercana al rock, que podría definirse como eléctrica contemporánea.

Tema a tema, se percibe un trabajo de imbricación que permite relacionar las composiciones tanto por sus texturas como por sus mensajes, dentro de un espíritu abierto, que expresa lo lejos que ha llegado la música de este compositor. Para ir, del disco Almendra II, define la estética de la música de Balduini, en la que forma y contenido tienen igual espacio. Esa austeridad es una declaración en sí misma, y síntesis de ese mundo íntimo donde el silencio, uno de los protagonistas de El bosque brillante, forma parte indisoluble, también, de su proyecto, que mira hacia adelante, con saludable apertura y madurez.